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viernes, 12 de enero de 2018

Fireball Ministry : un nuevo comienzo para una banda californiana


Tuvieron que pasar siete años para que la banda angelina de Fireball Ministry publicara un nuevo disco. Al igual como el ave fénix resurgió de sus cenizas, James A. c tuvo una nueva oportunidad en esta vida para seguir en ella, recuperando al mismo tiempo al grupo que fundó hace veinte años. Por obvias razones, este nuevo material nace directamente de las profundidades del dolor, la pérdida y el caos para alcanzar una catarsis musical llena de fuerza, coraje y ruido.

Un buitre rasgando un libro nos impacta directamente a las pupilas a través de un dibujo realizado por Caitlin Mattisson que busca reflejar la renovación y un nuevo comienzo. Sin embargo, este regreso no busca olvidar al pasado, sino a partir de él continuar el difícil viaje de la vida sobre su accidentado camino lleno de obstáculos y extenuantes pruebas.


Sin embargo, el renacer de Fireball Ministry no sólo se remite al regreso de la banda tras permanecer tanto tiempo en el limbo,  sino también significa una reconstrucción como banda gracias al ingreso en 2014 del mítico bajista Scott Reeder, músico que formara parte de las leyendas stoner Kyuss y Unida, además de ser parte del supergrupo Sun & Sail Sun. Manteniendo el resto del grupo junto con el baterista John Oreshnick y la guitarrista Emily Burton, el reverendo Rota ha logrado el balance perfecto entre su hard rock que lo ha identificado con el sonido arenoso del stoner californiano.

Bajo el referente título de Remember the story, el quinto disco de Fireball Ministry es una colección de diez temas llenos de profundidad temática y potente sonido, combinación que compensa el largo tiempo que pasó tras la publicación de su disco anterior en 2010. Publicado por la pequeña disquera Cleopatra, este material viaja desde la intensidad de guitarras llenas de rabia como en "Wavers dawn" y "End of our truth" hasta temas llenos de rock n' roll como en "Back on Earth", pasando por densos pasajes instrumentales como en "Stop talking" o una mágica versión a "I don't believe a word" de Motörhead.


El sonido alcanzado por la banda para este disco puede tener una razón extra más allá de la estructura creada por Fireball Ministry con la llegada de Scott Reeder. Remember the story ha sido grabado, mezclado y producido por Paul Fig, reconocido ingeniero de sonido que ha trabajado con gente de diversa índole como Alice in Chains, Ghost, Trivium, Death Angel o Rush. Dicha versatilidad se escucha claramente en el material de los angelinos a través de la profundidad de un claro bajeo en contraste con las ásperas guitarras que siguen una batería directa sin retoques ni efectos.

Como claro testigo de lo que ha logrado la banda del reverendo James A. Rota, tenemos el golpe directo al rostro bautizado como "The answer". Unos cuantos golpes de los tambores de Oreshnick  y la melodía arranca quemando sus ruedas sobre el asfalto con una melodía sostenida e infecciosa que intenta mezclar la aspereza del primer Black Sabbath con las líneas armónicas del Thin Lizzy de Phil Lynott. Las escasas pausas del tema son aprovechadas por Reeder para mostrarnos su imaginación sobre las cuatro cuerdas, aunque durante sus cuatro minutos y medio de duración podemos encontrar una muralla de sonido creado por la pareja de guitarras que momentos permite el lucimiento de Burton. 

Gracias a la participación de James A. Rota con Dave Grohl en el proyecto fílmico de The Foo Fighters Sonic Highways, el reverendo tuvo la oportunidad de conocer al director Brandon Trost. Luego de varias pláticas, el ofrecimiento para realizar un video a la banda llegó junto con el estreno del Remember the story. El grupo escogió  "The answer" como single y se lo entregó a Trost para que lo trabajara visualmente, logrando un excelente resultado.

Con un clásico paisaje desértico californiano como telón de fondo, un bólido corre a velocidad sostenida sobre los polvorientos caminos mientras los integrantes de Fireball Ministry hacen escuchar por las bocinas el adictivo ritmo de "The answer". Los crudos recuerdos del bigotón conductor se agolpan en su mente, haciéndole recordar la huida de su amada y el balazo recibido de su amante. El ardiente sol sobre el asfalto y la sangre corriendo por el vientre provocan a nuestro protagonista alucinaciones que poco a poco le hacen perder el control...


Fireball Ministry está de regreso y afortunadamente con profundo disco lleno de buenas melodías y sonido poderoso. De la misma manera, la banda está de nuevo sobre los escenarios con la intención de exorcizar sus demonios internos y no abandonarnos en un buen rato. Hard rock directo lleno de sentimientos surgidos desde lo más profundo, un triunfal regreso a la vida con el deseo de no perder más tiempo... Gracias reverendo por estar nuevamente entre nosotros con tu ministerio musical!!


viernes, 5 de enero de 2018

Lizardmen : Alemania entre el blues y el stoner


En este 2018 se cumplirán 80 años de la mítica segunda grabación de Robert Johnson en un estudio de la ciudad de Dallas, Texas. Las diferentes leyendas nos cuentan que el blusero negro vendió su alma al diablo en un cruce de caminos para convertirse en un mejor músico y que murió envenenado por algún hombre celoso durante una presentación en algún bar de mala muerte. Lo cierto es que con tan sólo 13 temas se convirtió en uno de los músicos más influyentes del siglo XX gracias a su fascinante forma de tocar, a su lastimera voz y a sus mágicas composiciones que influyeron a gente tan importante como The Rolling Stones, Eric Clapton, Jimi Hendrix, Led Zeppelin y el Fleetwood Mac de Peter Green.

Entre las escasas grabaciones realizadas por Robert Johnson, se encuentra "I'm a steady rollin' man", un tema que ha sido versionado por gente como Eric Clapton para su 461 Ocean Boulevard de 1974 y por George Thorogood and The Destroyers como único tema nuevo para su recopilación de 1992 The baddest; pero ahora nos toca escribir sobre lo hecho con este clásico del blues por el grupo alemán Lizardmen.


Un trío formado en la ciudad de Osnabrück, dentro de los confines del estado alemán de Baja Sajonia, se dio a la tarea de crear un collage musical que fundiera el stoner desértico californiano, el grunge noventero y el blues que sirvió de base para el hard rock de finales de los años 60 y principios de los 70. El resultado que se obtuvo del experimento es una poderosa banda de amplia gama sonora que se permite tocar de manera áspera y distorsionada mientras el slide corre por todo el mástil de la guitarra con aquel sentimiento negro nacido en el delta del Mississippi. 

Bajo la figura del hombre reptil que ha dado lugar a diversas historias desde las profundidades de las aguas marinas hasta las estrellas más lejanas del universo, Lizadmen se conforma como un poderoso grupo que bien puede arrastrarse por las ardientes arenas como esconderse entre los manglares de algún lúgubre río bifurcado. Nikki Engelbrecht en las guitarras y vocales, Tore Knipping en la batería y Niklas Giese en el bajo, tres saurios dispuestos a tronar las bocinas con su árido blues electrificado de fácil digestión.


Desde hace algunos meses Earthquaker deseaba redactar algunas líneas sobre Cool Blooded Blues, el primer álbum de este power trio de largas cabelleras publicado en agosto de 2016; pero con la publicación del video para su versión a "Steady rolling man" tuvimos el pretexto perfecto. La disquera austriaca StoneFree presume a la banda como una de sus más preciadas joyas y no es en vano, pues el grupo ha logrado construir una excelente colección de ocho temas grabadas de manera directa que merecen su detenida revisión.

Cool Blooded Blues arranca con el stoner agresivo de "Dust" que nos remite a las dunas californianas por medio de su fuzz que quiebra los tímpanos, pero cuando la entrecortada "Turn the screw" se escapa por las bocinas, Lizardmen nos muestra su otra cara por medio del rock alternativo de finales del siglo pasado que recuerda algunas melodías de NIN. "Seven" entra escena y la guitarra distorsionada nos recuerda el hard blues que se ha hecho en la última década, pero su armonía se queda con el recuerdo de la música de los setentas. Un efecto de retroalimentación satura los parlantes para mostrarnos a "Karma" con un stoner cercarno al Queens of the Stone Age en su versión más cruda, aunque todo se transforma radicalmente con la guitarra slide que mezcla al rock sureño con el delta blues por medio de la adictiva "Mammoth creep". Aquí es cuando la velocidad del material comienza a bajar por medio del ritmo aletargado de obscuros matices que conforman a "Prey to the Lord", pero por instantes se vuelve violento para recordarnos la ambivalencia del lagarto. Finalmente el disco cierra con la apocalíptica "The cannibal" que hace encontrar al stoner metal con el grunge a la forma de Soundgarden en un mismo lugar.


Sin embargo, la cereza en el pastel es "Steady rolling man", pues así como lo hiciera Led Zeppelin a finales de los años 60, Lizardmen se adueña del viejo blues acústico de Robert Johnson para transformarlo en un filtrado sonido de guitarras distorsionadas bajo la estética de The White Stripes o The Black Keys pero con el sentimiento muy cercano al Jimi Hendrix en sus momentos con su Experience. El trío se permite la magia del silencio para citar las frases del tema y sentenciar al hombre atormentado por el trabajo y el escaso amor recibido. Quizá algunos juegos con los tiempos nos recuerda a sus compatriotas de The Picturebooks, pero Lizardmen logra apoderarse del tema para explotar en un millón de posibilidades. Por si fuera poco, hacia la mitad de la canción la banda se permite un ácido jam para arrancarnos los pies de la tierra y atascar de colores nuestra mirada. Slide,  chorus, POG al estilo Electro-Harmonix y pedal wah... o sea, un arsenal de efectos de explotan frente a nosotros para regalarnos un hard blues electrificado al grito de "I ain't got what you need, fuck off!!" que transforma lo hecho en el siglo pasado por la furia del día de hoy.

Con un video dirigido por  Nils Koppenbrink, Lizardmen realizó el último golpe de promoción al Cool Blooded Blues. El trabajo visual para  "Steady rolling man" comienza con algún paraje al aire libre de Alemania mientras se escucha de fondo el tema original de Robert Johnson, pero de repente arrancan los motores de la camioneta de la banda y todo el andamiaje eléctrico del grupo explota por las bocinas. Una misteriosa silueta camina entre los maizales con su herramienta de trabajo al hombro, y tras una extenuante jornada bajo la luz de la luna, el hombre extrae de la tierra un sorprendente féretro. Una carroza fúnebre corre por los abandonados caminos mientras los instrumentos ahogan el ambiente hasta llegar a la ciudad, lugar donde el tipo de larga cabellera ofrece su tóxica mercancía: todo queda en una fachada para ocultar la ilícita actividad. El cannábico producto comienza ha ser consumida y los efectos no tardan en aparecer...


Las bestias lacertilias que Headbang Design muestra en la portada del Cool Blooded Blues han comenzado su invasión y es imposible resistirse a su veneno. "Steady rolling man" vuelve a colocar a Lizardmen en nuestro radar musical, pero también sirve de carta de presentación para Tobias Prause, quien es el nuevo baterista de la banda. Mientras visitamos nuevamente la guarida del hombre-saurio, dejamos que pase el tiempo hasta que llegue a nuestros oídos su siguiente paso, quizá el definitivo para su consolidación como una de las mejores propuestas de la Alemania...



miércoles, 3 de enero de 2018

The Atomic Bitchwax : el regreso del super stoner rock


Cuando intentamos definir a un género musical, la objetividad se pierde entre estilos, tendencias y diversos proyectos que así mismos se llaman como el término en cuestión. Quizá dentro de las diversas vertientes del rock, el stoner sea una de las líneas más diversas que bajo su manto se han refugiado muchas bandas. El concepto fue repudiado en su momento por las primeras bandas que fueron enmarcadas dentro de dicho nombre, grupos que nacieron a partir del dessert rock californiano como Kyuss y Fu Manchu y de las nuevas mezclas entre el hard rock setentero y los sonidos alternativos de principios de los noventas del este norteamericano como Monster Magnet y Clutch. 

A finales de los años noventas surgieron otras bandas con un sonido más definido enmarcado en guitarras ásperas y velocidad sostenida como Nebula, Dozer y The Atomic Bitchwax, siendo ésta última la que se destacó por su endemoniado estilo de acelerados riffs heredados de la vieja psicodelia y el heavy metal ochentero.  Ahora en diciembre de 2017, la banda originaria de Nueva Jersey publicaron su séptimo disco de estudio titulado Force field, una lluvia de meteoritos  que golpean sin piedad mientras nos hacen recordar sus primeros materiales discográficos cuando iniciaba el actual siglo.


Al escribir sobre The Atomic Bitchwax es imposible no hacerlo también sobre Monster Magnet. La banda se formó en 1993 por e bajista Chris Kosnik, el baterista Keith Ackerman y el guitarrista Ed Mundell, quien formaría parte de Monster Magnet hasta el año 2010. Desde sus orígenes como un grupo de jamms, la agrupación iría definiendo su sonido hasta soportarlo con la inspiración cósmica y espacial de Dave Wyndorf, además de grabar dos discos. Sin embargo, las obligaciones de Mundell con Monster Magnet lo llevarían a dejar The Atomic Bitchwax a finales de 2004, permitiendo así la llegada de Finn Ryan para hacerse cargo de las seis cuerdas hasta el día de hoy.

Sin embargo, la estabilidad de la banda se vería comprometida nuevamente en 2006 cuando Keith Ackerman deja al grupo. Pero como si The Atomic Bitchwax no hubiera aprendido la lección, el grupo integró a Bob Pantella como su nuevo baterista sin que él abandonara su proyecto principal: Monster Magnet. Por si fuera poco, a partir del año 2013 Chris Kosnik forma parte también de la reconocida banda norteamericana, lo que deja a The Atomic Bitchwax como un grupo que aprovecha los tiempos libres de la banda de Dave Wyndorf para hacer sus propias cosas.


Lejos de lo que se podría esperar, desde 2007 The Atomic Bitchwax tiene una estabilidad que le ha permitido definir su sonido más allá de la sombre de Monster Magnet. A diferencia de estos últimos, el power trio es un cohete a propulsión de chorro, un cometa a toda velocidad que nos regala melodías incendiarias que no frenan un solo segundo. Sin dejar a un lado la inspiración astral, The Atomic Bitchwax nos ofrece un stoner rock alegre, directo y alucinante. 

Todo lo anterior queda totalmente claro en su nuevo Force field. El álbum es una maravilla desde cualquier punto de vista, pues equilibra el rock salvaje y valvular de alto octanaje con melodías bien estructuradas, lo que ofrece un disco que se disfruta más allá de la calidad interpretativa y de la excelente producción técnica, la cual fue lograda por la masterización de Alan Douches. Si el anterior Graviton había llamado la atención de los amente del hard rock cósmico sumido en pastillas y riffs ahogados en fuzz, Force field termina de definir el concepto para crear un excelente disco sin algún desperdicio.


El séptimo disco de The Atomic Bitchwax comienza con golpes de batería y acordes furiosos cortesía de "Hippie speedball" para ponernos sobre aviso de lo que nos depara el material. A pesar de la advertencia, quien se anime a surcar por las órbitas de Force field podrá encontrar las juguetonas figuras de "Alaskan thunder fuck" que bajan y suben por todo el mástil de las guitarras, la melodía adictiva de "Crazy" con su garantizado éxito si fuera lanzado como single, la aferrada velocidad de  la entrecortada "Humble brag" y la distorsionada "Super highway", sin olvidar la maestría mostrada en la instrumental "Fried, dyed and layin to the side" con su juego de wah. 

Es bastante dificil escoger una de las doce bombas contenidas en Force field, pues bien cualquiera podría demostrar lo que hay en él. Aunque cada tema tiene lo suyo, como la violencia motorizada de "Shell of a man" y la cósmicamente sexual "Tits and bones", nos quedamos con lo que la propia banda nos ofrece como primer extracto. Para promocionar el lanzamiento del disco, The Atomic Bitchwax presentó como single "Houndstooth", una rabiosa melodía de batería llena de destiempos que irónicamente no permite perder el ritmo. Mientras el bajo estira la base sonora para que la guitarra explote en un millón de pedazos como si entrara en un agujero negro, la voz se desgarra por las bocinas al alcanzar la velocidad de la luz junto con el riff insistente. En tan solo dos minutos y medio The Atomic Bitchwax encapsula lo que es su stoner: fuerza, energía y velocidad.


El video promocional de "Houndstooth" se encuentra en las redes desde noviembre, un trabajo visual que nos muestra algunas imágenes de la banda a través de un distorsionado lente que asemeja el consumo de sustancias psicoactivas mientras ellos tocan como bólido sin freno posible. Acrobacias pirotécnicas, brillos fulminantes y amplificadores a todo volumen. Bajo la protección de unos lentes obscuros, el power trio lleva a hasta sus últimas consecuencias su sonido junto con un bombardeo de luces y colores que iluminan la obscuridad del cosmos. 

Los dos últimos meses de 2017 los pasó The Atomic Bitchwax de gira por Europa, por lo que estamos esperando que pronto se anuncien sus fechas de 2018 por América. Mientras esperamos una estrella fugaz para pedir el deseo que el power trio se anime a pisar suelo mexicano, volvemos a bajar la aguja sobre el Force field para que deje a su instantáneo paso el rastro de su polvo cósmico y el brillo de su explosión estelar...



sábado, 30 de diciembre de 2017

Manthrass : sin tropiezo hasta las estrellas


El hombre ha utilizado al tiempo como una forma para medir la duración entre diversos acontecimientos, haciendo de esta manera que en la vida existan momentos decisivos o significativos. Según escribe el filósofo Byung-Chul Han en El aroma del tiempo, la técnica moderna ha provocado que el tiempo de vida ya no se estructure en cortes, finales, umbrales ni transiciones. Sin embargo existen algunos que tienen claro la necesidad de cerrar ciclos para mantener una línea narrativa en sus historias propias.

Hacia el final de este 2017, la banda argentina Manthrass ha decidido colocar un broche final a todo aquel periodo que significó Blues del destino, un hermoso material de hard blues en español publicado en septiembre de 2015 (reseña-review). Ha llegado el momento de dar vuelta a la página y escribir un nuevo episodio. Teniendo como único límite al manto cósmico, la banda de Buenos Aires sigue el sendero establecido por una constante carrera de rock valvular para crear su siguiente capítulo musical más allá de cualquier presión temporal o tendencia sonora ajena a su estilo personal.


Gracias a su insistencia y tenacidad, Manthrass ha colocado su nombre entre los mejores exponentes de la última década del hard blues eléctrico argentino heredero de Pescado Rabioso o Pappo's Blues. Sin embargo, el trío formado por Mariano Castiglioni (guitarra y voz), Ángel Rizzo (bajo y coros) y Federico Martínez (batería y coros) no se ha quedado al resguardo del cálido cobijo del pasado glorioso para en un salto al vacío del crecimiento y la libertad compositiva, crear un material propio que no olvida a sus maestros pero que se permite explorar nuevos terrenos.

La promesa está hecha para marzo de 2018... Manthrass publicará su siguiente álbum bajo el nombre de Mapa estelar, material que ha sido trabajado con esmero y paciencia durante 2017 bajo la supervisión técnica de Damián Colaprette entre las consolas de audio y las paredes del Zar Estudio. Pero la apuesta es ambiciosa: subir un peldaño más para alimentar con hard rock de tintes progresivos al blues electrificado de sus orígenes, permitiéndose así ampliar su gama de posibilidades sonoras que agradecerán sus capacidades interpretativas.

Foto: Santi Sombra
Por lo pronto, el primer pedazo del Mapa estelar ya se encuentra girando en la órbita terrestre. El 12 de diciembre de 2017 ha sido lanzado a la estratósfera el single "Paso firme" a través del sello Buscando Records. Este adelanto tiene por objetivo mostrarnos el avance de la banda hacia nuevas sendas por medio de un tema simplemente infeccioso gracias a su estribillo adictivo y una melodía contundente que claramente semeja a una marcha segura a pesar de la incertidumbre que rodea lo desconocido, lo novedoso y lo peligroso.

La noche perlada de estrellas es fría y misteriosa. No hay guía, no hay sol y aun no hay un propósito definido. Sin embargo ello no frena el avance, el ciclo continúa en pos de alcanzar su meta final. El ruido alrededor puede aturdir, la visión se nubla y los sentidos comienzan a fallar. Quizá el deleite se encuentra en el camino recorrido y no en llegar al destino, el goce por el viaje realizado más que en el fin alcanzado. Mas todo se reduce a la persistencia, aquella insistencia por mantener el paso firme para escapar de los horrores, las distracciones y los errores que hacen perder el avance y petrifican al ser en un estadio permanente e irremediable.


"Paso firme", tema completo desde la página de Bandcamp del grupo:
 https://manthrass.bandcamp.com/

Manthrass ya nos había hablado de alcanzar su destino y aquel remanso marítimo en su disco pasado, pero ahora la banda argentina le otorga el valor necesario al río, al transcurso que es necesario recorrer, al camino aferrado que se debe mantener contra viento y marea. Más allá del melancólico blues que anhela lograr lo deseado, el sonido se hace fuerte e insistente para demostrar que para llegar primero es necesario iniciar el paso y contener el avance frente a las vicisitudes que las circunstancias construyen. Al final del recorrido, la única frontera que se debió cruzar es la que uno mismo impone.

Los instrumentos se unen en un desfile directo y sin desviaciones. La guitarra llora por momentos, pero la batería mantiene la marcha con insistencia mientras el bajo nos ofrece un soporte necesario que recuerda que nuestros pies están aún sobre la tierra. Sin embargo, el sentimiento y los pensamientos se elevan hasta el cielo nocturno. Sin freno, nuestro paso es firme con una intensión clara: escapar de todo aquello que no deseamos.


El compromiso está firmado, nuestros tímpanos esperan con ansiedad la fecha marcada y ahora sólo es necesario dejar que cada grano de arena caiga sobre el cristal del reloj de la promesa. Mientras termina el conteo para el despegue final del Mapa estelar, una y otra vez se escapa por los parlantes el "Paso firme", tema que desde ya se ha convertido en un himno poderoso que nos incita a levantar la mirada, a enfrentar al universo y a iniciar nuevamente el trote que suspendimos...

jueves, 28 de diciembre de 2017

Electric Wizard : hasta el umbral del infierno


El abismal sonido de Electric Wizard ha regresado desde su cripta maldita para desgarrarnos el alma y terminar de convencernos que ellos son una de las bandas más importantes de este siglo en cuanto doom y stoner áspero se refiere. Con ese ácido sabor que siempre han mantenido, el grupo busca recuperar el tiempo perdido entre batallas legales y un descanso obligatorio para clavarnos de nuevo el cuchillo hasta desangrarnos mientras que los seis temas que conforman su última placa desgarran las bocinas de manera lenta y estridente.

Con un título de obvias referencias hacia los padres del género Black Sabbath, Wizard bloody wizard significó en noviembre de 2017 el regreso de la banda originaria de Dorset, Inglaterra tras una espera de tres años después del denso Time to die (reseña-review). Sin embargo, el último vinilo de Electric Wizard marca una gran diferencia con lo hecho en el anterior, pues de aquel sonido de ultratumba con su imposible ingesta para los oídos sensibles; para esta ocasión tenemos melodías directas que penetran sin contemplación hasta las neuronas para enfermarlas con su purulento veneno.


Aunque esta última afirmación podría representar un grave error para los seguidores de Electric Wizard, se transforma en una ventaja al momento de sumar nuevos adeptos sin traicionar a su estilo fundado en 1993 cuando la banda era un trío. A pesar de la larga duración de los temas, Wizard bloody wizard logra inyectar su corrosivo líquido con la intención de mezclar al espectral y aletargado sonido del Time to die de 2014 con los primeros momentos de la banda cuando su stoner/doom surgía directamente del proto-doom de las bandas setenteras y de lo más ácido del hard rock psicodelico de finales de los sesentas.

Y así como lo habíamos escrito en su momento, la banda que salió a los escenarios para presentar en directo el Time to die serviría de base perfecta para crear su noveno álbum completo de estudio, Jus Oborn logró darle estabilidad a su Electric Wizard. Ahora con la muralla escarpada construidas por las guitarras de él y su pareja Liz Buckingham, las bases sonoras están creadas por el bajo de Clayton Burgess y la batería de Simon Poole. De esta manera, el grupo ha adquirido unidad que logra trasmitirse en la grabación por medio de un bloque inquebrantable e infranqueable que se levanta frente a nosotros al instante de bajar la aguja sobre el disco. 


Wizard bloody wizard tiene muchos elementos para convertirse en todo un clásico de su género. En primer instancia tenemos su hipnótico sonido tosco e incisivo grabado de manera analógica en una máquina Tascam de 16 pistas que te lleva poco a poco hasta el umbral mismo del infierno mientras le cantan a la muerte. Los tétricos teclados de "The reaper" bien nos podrían situar frente algún ritual pagano con sacrificio humano incluido, pero esto sólo puede servir de atmósfera introductoria para todos los horrores encerrados en Wizard bloody wizard. Los guitarrazos diferenciados entre la pareja Jus y Liz nos quedan claramente develados en "Hear the sirens scream", tema que también sirve para reclamar su cetro y demostrar de dónde nace aquel sonido con el que Uncle Acid and the deadbeats ha enamorado a todos.

Los lúgubres pasillos de "Mourning of the magicians" nos regresan al pasado anterior de aletargado paso y densa melodía repetitiva, pero Wizard bloody wizard contiene temas más adictivos sin dejar su vicio por la muerte y sus mórbidas pasiones como en "Necromanía" y su riff sabbathico que asemeja el pisar una sustancia tóxica y pegajosa imposible de arrancar. Por si fuera poco, la banda nos ofrece en "Wicked caresses" una sonora misa negra que mezcla sacrificio, sexo y muerte a través de un escándalo lento que nos sumerge con cada acorde en un frío y obscuro abismo sin final posible.

Sin embargo, Electric Wizard decidió presentar Wizard bloody wizard al mundo con su tema inaugural: "See you in hell". Un tenebroso eco se escapa por las bocinas para abrir paso a un gordo riff descendente de acordes fuertes, distorsionados y aletargados. Aprovechando alguna grieta perdida entre el muro de sonido, Jus Oborn nos habla de su deseo por abandonar este moribundo mundo para entregarse a las tinieblas con la esperanza de entregarse al demonio y ser devorado los fuegos eternos de los infiernos. Poco a poco sube la intensidad de la melodía con la intención de mostrarnos la pasión del grupo por lo demoníaco y lo obscuro, dejando al mismo tiempo una estela de ruido insistente que busca la muerte lo más pronto posible. 

"Tengo frío por dentro y mis sentimientos no pueden sobrevivir, pero tus gritos tortuosos no significan nada para mí. Este mundo moribundo me deja sin aliento, muere en mis manos. Toda esperanza está perdida, no habrá un nuevo amanecer y todos tus sueños morirán. Necesito algo para arreglar este dolor. Nena, por favor clava esa aguja para que al fin esté muerto al igual que tú..."

"Sin embargo, aún me persigue. Sé que nunca seré libre. Lucifer es mi único amigo, así que arderé en el infierno hasta el final. Estoy tan muerto por dentro que deseo poder morir. Tus gritos tortuosos todavía me persiguen en mis sueños. Este mundo está loco y me enferma. Tal vez lo torturaré a patadas, pero miento aquí posesionado por la maldad porque por siempre serviré al demonio..."


Con un video promocional dirigido por Mark Steven al más puro estilo de las presentaciones en televisión de las bandas de hard rock a principios de los años setentas, Electric Wizard presentó como primer single a "See you in hell". Ya con el terreno abonado con lo logrado por la banda en el estudio, ahora es el momento de presentar sobre los escenarios al Wizard bloody wizard, por lo que 2018 será un año con varios conciertos por Estados Unidos y Europa. Mientras algún temerario promotor se anima a traer a México a estos demonios ingleses, disfrutemos esta pequeña y escandalosa joya que ha regresado a Jus Oborn a sus propios orígenes...


martes, 26 de diciembre de 2017

Eternal Elysium : el retorno del pesado sonido japonés


En su libro de 2011 Retromanía: la adicción del pop a su propio pasado, Simon Reynolds hace referencia al proceso de apropiación que hace Japón de la música occidental, misma que se caracteriza por su "generosa e ilimitada atención al detalle estilístico". El reconocido autor inglés se remite a la tradición artística de la nación de sol naciente a seguir a los antiguos maestros, pero no como una repetición sin sentido, sino como un curso necesario que otorga legitimidad. 

Obviamente el rock no se ha escapado de esta lógica y existen muchos ejemplos para demostrarlo: desde la pasión desbordada por los conciertos en el Budokan de The Beatles en 1966 o la serie de presentaciones en Tokio y Osaka que realizó Deep Purple en 1972 que terminaron registradas en el mítico Made in Japan.  Pero más allá del gusto por el rock occidental, los japones fueron retomando las enseñanzas para asimilarlas a su propia escena, como lo ocurrido con la tendencia eleki (formación de diversas bandas de rock instrumental y surf inspiradas por las constantes visitas de The Ventures entre 1964 y 1966) y la conformación de una escena de hard rock psicodélico que abarcaba una influencia desde Jimi Hendrix hasta Black Sabbath (el rock ácido japones tiene a sus íconos en bandas como Speed, Glue & Shinki y en Flower Travellin' Band).


Dentro de la escuela stoner y doom japonesas, inmediatamente vienen a la mente Church of Mysery, Acid Mothers Temple y Boris, pero desde la década de los noventas existe una banda imprescindible para comprender estos géneros en Japón: Eternal Elysium. Conformada en la ciudad de Nagoya a través de la figura omnipresencte del guitarrista y vocalista Yukito Okazaki, el power trio ha construido una larga historia por medio de la publicación de seis discos completos, dos EP y cuatro material compartidos con otras agrupaciones. 

A partir de 2005 con la presentación del disco Searchin low & high, Yukito estableció la formación de la banda junto con Antonio Ishikawa en la batería y la bajista de origen norteamericano Tara Haugo. Hace unos meses fue re-editado dicho disco por medio de la disquera ucraniana Robustfellow Prods, lo que nos proporcionó el pretexto ideal para escribir sobre ellos. Escuchar nuevamente este material nos hace descubrir cómo el paso del tiempo sobre Eternal Elysium ha llevado a la banda a diversos giros sonoros: desde un primer stoner que abarca desde la tendencia desértica hasta la metálica, el grupo tornó a experimentar con algunos elementos de la psicodelia espacial en su Within the traid de 2009 hasta llegar al doom clásico y directo del Resonance of shadows presentado en mayo de 2016.


Escuchar nuevamente los densos acordes del Searchin low & high nos obligan a comparar lo hecho por la banda durante los últimos doce años, que como lo comenta el propio Yukito Okazaki en una entrevista otorgada a Steve Howe de Outlaws of the Sun, representan un ciclo perfecto dentro del zodiaco japones. La nueva mezcla y remasterización de dicho material nos lleva a disfrutar otra vez de aquel stoner que tributa el hard blues psicodélico de Hendrix, los acordes secos y ásperos del mítico Kyuss, además de vislumbrar algunos elementos del primer doom. El disco realmente es una joya sonora por lo que representó en su momento, sin reparar además de que fue confeccionado en el lejano oriente.

Sin embargo, quizá habría que regresar al poco valorado Resonance of shadows. Haciendo a un lado ese sabor arenoso de los materiales anteriores, la última producción del power trio japones es un verdadero tributo al doom setentero. El sonido analógico y atascado junto con las melodías densas nacidas del obvio gusto por Black Sabbath, Pentagram y The Obsessed, hacen del material una delicia.


Haciendo honor a su nombre, Resonance of shadows logra crear un obscuro ambiente abismal para sumergirnos en las profundidades de los crudos sonidos de la antiguedad, que de manera directa y sin mediación, atascan las bocinas hasta derretirlas. Si bien ya habían tributado a Flower Travellin' Band con su versión a "Map" incluída en su EP Highflyer de 2012, Eternal Elysium retoma aquel sonido setentero de sus maestros y hasta incluyen un nuevo cover: "Hiroshima". Sin dejar a un lado su idioma, la banda nos ofrece un viaje lisérgico que alcanza el estruendo en "Sekibaku"; pero tambien hay espacio para poderosos temas ahogados en wah como en "Cosmic frequency" o apocalípticas odas de guitarras aletargadas como en "The ancient soul". El disco es tan completo que hasta podemos encontrar hipnóticas melodías que beben directamente del hard blues que poco a poco suben de intensidad hasta convertirse en una ruidosa tormenta eléctrica como en "The breeze say go".

El tema inaugural de Resonance of shadows es "Ingah", canción que combina los idiomas bajo el sombrío riif de guitarra que tras algunos segundos se vuelve infernal, tormentoso e impresionante. Como si se tratara de una densa neblina, la melodía nos arrastra poco a poco a los abismos mientras los instrumentos golpean sin piedad a través de sonidos hipnóticos que explotan en las bocinas en una muestra de poder y furia. Sin referencia alguna con las composiciones anteriores de la banda, "Ingah" nos enseña el brazo más áspero del trío, pero al mismo tiempo confiesa su tributo a los dioses del hard rock setentero que sembraron las semillas del doom.


Eternal Elysium está vivo, ya sea en la re-edición de su Searchin low & high o con el repaso a su disco anterior Resonance of shadows. Si deseamos tener una referencia clara de lo que se hace en Japón con respecto a los sonidos revival del primer doom, de manera obligatoria tenemos que acercarnos a este power-trio. Gracias a este impulso, deseamos que Yukito Okazaki y los suyos regresen pronto a los estudios de grabación para ofrecernos nuevo material, música que seguramente será una nueva explosión sonora que retomará a sus maestros para llevarlos a nuevas dimensiones.


sábado, 23 de diciembre de 2017

Evil Can Evil : el invierno está aquí


Los helados vientos del norte comienzan a soplar. Los campos tornan a blanco gracias a la nieve que cae sin freno ni clemencia. Las hojas secas que cayeron en el otoño, el invierno las ha congelado para dejar sin alimento a muchos. Sin embargo, el hombre encuentra en el cruel clima un motivo de fiesta y alegría. El agua que está apunto de convertirse en hielo se transforma en el medio ideal para el deporte, la competencia y la velocidad. Una tabla y los esquí nos sirven del medio ideal para deslizarse sobre las laderas a gran velocidad... El invierno está aquí.

Gracias a esta helada imagen, de manera inmediata nos viene a la mente aquel poderoso tema que publicaran a finales de 2013 los canadienses de Evil Can Evil con el que titularían a su segundo álbum: Winter rider. Aquella portada realizada por Alexandre Goulet no dejaba lugar a dudas: un casco y unos goggles denotaban nieve, velocidad y fuerza extrema, todos elementos ideales para una banda con el stoner como bandera.

Evil Can Evil es un cuarteto formado en la ciudad de Quebec, Canadá en 2007 que tras mucho tiempo de trabajo en conjunto, lograron presentar su álbum debut en febrero de 2010. Jean-François Fortier en las vocales y guitarra rítmica, Manuel Grenier en el bajo, Mathie Henri en la batería y Sebastien Harveay en la guitarra principal buscaron crear su sonido a partir de su gusto por bandas como Clutch, Nebula, Monster Magnet, Red Fang, Dozer, Karma to Burn y Truckfighters.

De aquel primer disco se podían rescatar temas de buena manufactura como las aceleradas "Queen", "The land" y "78" o la áspera "Front line" y la blusera "Feel the fuel". Desde sus primeros acordes uno podía sentir el frío correr por la piel, por lo que bien lográbamos separar el stoner arenoso que en aquel momento regresaba al gusto de la gente por aquellos sonidos gestados en la costa este norteamericana. En lugar de encontrar la inspiración en los desiertos de California, Evil Can Evil tenía el difícil clima del Océano Ártico.


Sin embargo, el despegue de Evil Can Evil como banda lo lograron con el genial Winter rider, energético disco publicado en diciembre de 2013. El álbum es más áspero que su antecesor gracias a sus melodías más rápidas y directas que dejan congelado de manera inmediata, pero que quizá sea en su madurez en la composición y en el excelente trabajo de mezcla y masterización realizada por Raphael Malenfant que el material alcanza su cometido.

Winter rider arranca de manera impresionante con "I'm alive", una avalancha imparable que satura las bocinas con su distorsión incansable y su ritmo constante, pero si por dicho tema tuviéramos que esperar que el resto del disco fuera igual, estamos totalmente equivocados. Evil Can Evil logró en su segundo disco un equilibrio entre la potencia irresistible de un hombre desnudo corriendo a través de una tormenta de nieve en búsqueda de refugio y la paciencia de quien intenta calentarse al calor de una buena fogata. Estos dos extremos los podemos escuchar con "Power" y "Arsenal" por un lado y con "Gentleman" por el otro, aunque el disco tiene más colores.


Es inevitable pensar por momentos en Neil Fallon, vocalista de Clutch, gracias a ciertos tonos de la voz de Jean-François Fortier, pero el disco ahuyenta dicho fantasma gracias a que sus temas van más allá de una copia de la banda norteamericana. "Love and hate" en un tema poderoso con personalidad propia, siendo quizá una muestra del estilo que marque el sello de Evil Can Evil; pero otros caminos posibles los podemos detectar otras canciones de ritmos diferentes como "Be my love" o "Vipères" (ésta última cantada en francés).

Pero esta estación del año nos ha traído al recuerdo de Evil Can Evil gracias a su "Winter rider", tema de infeccioso riff que resbala por las cuerdas mientras nos deja caer por un tobogán congelado. Poder encapsulado en casi cinco minutos que se van como un descenso libre por una montaña nevada. Las guitaras juegan con distintas figuras hasta que logran crear la melodía ideal para la voz. Hacia su parte media, la canción nos otorga un entrecortado respiro, aunque en él no cesa la tormenta de notas. Los platillos de la batería saturan el horizonte auditivo a cada golpe dado, evitando dejar un solo segundo sin sonido. El bajo completa la obra con una necesaria base grave que sostenga al resto de los instrumentos. Como si fuéramos patinadores de snowboarding, "Winter rider" nos lleva a salvajes kilómetros por hora entre curvas y montículos cubiertos de nieve hasta que la fuerza inicial termina de un solo golpe.

Evil Can Evil no ha publicado nada desde Winter rider, teniendo la excepción sólo en el lanzamiento de "Psycho", un tema inédito del primer disco de la banda. El deseo por escuchar nueva música de la banda canadiense se hace cada día más grande, sin embargo podemos saber por su página de Facebook que no han desaparecido, y que aún mejor, siguen teniendo presentaciones en vivo. Ojalá ello sea un indicativo de que pronto regresarán a los estudios de grabación para ofrecernos nuevo material. Por lo pronto, disfrutemos del frío invernal a través de su velocidad y su furia descontrolada mientras colocamos nuestro deseo de navidad bajo el árbol...